Algunas enfermedades siguen un esquema hereditario muy simple porque dependen de un único gen con una distinción clara entre solo dos alelos: el alelo sano y el enfermo, uno dominante y otro recesivo. Tal patrón hereditario es tan lógico que ya en 1850 Gregor Mendel, un monje, fue capaz de identificar las reglas de transmisión de la herencia simplemente observando algunas características físicas de las plantas del guisante. De ahí el nombre de “herencia mendeliana”.
Además de varias enfermedades, se piensa que muchos otros rasgos físicos de los humanos siguen el esquema mendeliano. Uno de los ejemplos más popularizado es la lengua enrollada (utilizada a menudo en las clases de biología para introducir el concepto de alelo dominante): la mayoría de nosotros puede rodar la lengua, pero algunos no pueden.

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Esta característica, a parte de ser divertida, consiguió la atención de un genetista prominente en la decada de los ’40, Alfred Sturtevant, que indicó que la capacidad de rodar la lengua es basada en un alelo dominante de un gen. Más tarde, un colega notó que algunos gemelos idénticos -los que comparten exactamente el mismo ADN- no tenían el mismo comportamiento con la  lengua: un gemelo podía rodearla mientras que el otro no podía. Esto es incompatible con la herencia mendeliana. Tal observación no excluye la influencia de la genética en la capacidad de rodar la lengua – ya que probablemente tiene una base genética fuerte – pero evidencia que otros factores pueden enmascarar el rasgo. Por lo tanto, si tus padres no rodean sus lenguas, pero tu si, no te preocupes, lo más probable es que sigas siendo su hijo.

La herencia mendeliana necesita ser tomada con más cuidado también para otros rasgos. Por ejemplo, el pulgar del autostopista o la forma de los lóbulos de las orejas no encajan en una simple descripción de dos alelos. Los pulgares, por ejemplo, no se dividen en dos categorías, autostopistas y no autostopistas; el ángulo o el grado de flexión del pulgar puede variar entre una lista de valores, no sólo dos. Eso si que complica la predicción de la herencia de algunos rasgos pero también explica  de la gran variedad que hay entre seres humanos.