¿Sabéis el tipo  cool, el que siempre es al centro de la atención sin esfuerzo y que gusta a todo el mundo? Ese, en el ADN, es el exoma. Sin embargo hay otro personaje que se esconde tras la cortina y que fue – en los días de su descubrimiento en los ’60 – etiquetado como «ADN basura». ¿Por qué? Sus regiones no codifican para proteínas y – en esa época – esa era la única función esperada  del ADN. Sin embargo, esta «basura» es bastante difícil de ignorar: representa una parte enorme del ADN humano (98% !). ¿Como puede ser que tanta cantidad de material inútil dentro de cada célula del cuerpo haya permanecido a través de la evolución? Por lo tanto, seamos realistas: posiblemente hemos subestimado el papel del «ADN basura». Una mirada más cercana a las características de esas regiones no codificantes revela un poco más sobre su papel.

infografia_espEl papel de las regiones no codificantes emerge con fuerza al comparar los genomas de diferentes especies (una práctica conocida como genómica comparativa). Está claro que organismo unicelulares sencillos como las bactera tienen una porción más pequeña de ADN no codificante, mientras en los eucariotas  (organismos algo más  complejos, con su ADN dentro de un núcleo) el tamaño total del genoma y de las regiones no-codificantes sigue generalmente la complejidad del organismo. Pero esa tendencia esconde muchas sorpresas. Por lo injusto que parezca, organismos en apariencia más simples que nosotros, como la salamandra y los lirios, tienen más de diez veces más ADN que nosotros. Pero nos podemos consolar con el hecho que, gracias también a las regiones no codificantes, nos diferenciamos por lo menos de un organismo unicelular como la bacteria.

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Las regiones no codificantes parecen ayudar a comunicar el mensaje complejo almacenado en el ADN. Para entender su papel, podemos pensar en el ADN como un idioma con sus reglas gramaticales y elementos funcionales. Los más sencillos son los que transmiten conceptos, como nombres y verbos. En el caso del ADN estos serian los genes y los exones, que almacenan la información para construir las proteínas. En ambos casos estos elementos representan el núcleo del mensaje – sin ellos no hay nada que comunicar. Sin embargo, un texto hecho exclusivamente de estos bloques es muy sencillo – como un telegrama:

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Si queremos transmitir un pensamiento más complejo, necesitamos otros elementos que organicen el mensaje y mejoren su capacidad de comunicar algo. Este es el papel de las diferentes regiones no codificantes. Manteniendo la metáfora con la gramática de un idioma, tenemos:

1. Espacio de separación, que en el caso del ADN funcionan como «amortiguador de errores» manteniendo los genes y otras regiones importantes a una distancia de seguridad. Esto solo disminuye la posibilidad de que las mutaciones afecten estas regiones o, aún peor, una cadena de genes entera.

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2. Adverbios y adjetivos, que definen otras características del mensaje principal, por ejemplo el dónde, cuándo, cómo, etc. En el caso del ADN, estas regiones regulan la producción de proteínas definiendo en qué tipo de células debe suceder, en qué momento y la cantidad a producir.

en la celula hay proteinas entran en el nucleo donde está el ADN aquí ligan regiones no codificantes para controlar el grado de produccion de algunos productos.

3. Puntuacion y conjunción, que facilitan y coordina la lectura definiendo el inicio y el final de una frase, sus pausas y las conexiones entre los elementos. En el caso de ADN, hay secuencias que marcan el inicio y el final de un gen y su relación con los otros elementos reguladores.

En la célula hay proteínas que entran en el núcleo, donde está el ADN. Aquí ligan regiones no codificantes para controlar el grado de producción de algunos productos.

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Ambas regiones codificantes y no codificantes son esenciales para el mensaje final, pero solo las segundas permiten expresar y realizar funciones complejas. Todavía sabemos poco acerca de estas regiones no codificantes, pero cuanto más exploramos, s entendemos la gramática del ADN.